Fábulas de aprendizaje

Desde hace ya un tiempo que no abandonaba tanto tiempo este, mi espacio, de crecimiento o mi quinto camino. Sin embargo, en mis nuevas condiciones laborales he tenido un par de semana, en las que ni siquiera he podido comenzar algún párrafo de un ensayo. Comencé con algo del aprendizaje y su relación con la enseñanza, de cómo el proceso de aprender no necesariamente está ligado al proceso de enseñar...
En esas cavilaciones e intentos de textos, hoy en un pequeño espacio de tiempo, recordé un tema musical, el cual refleja en mi torpe entendimiento, el fenómeno anterior.
Tal vez habré cantado unas mil veces “La fábula de los tres hermanos”, repartidas entre diez años de ejercicio, y solo el año pasado, que ya casi ni me acordaba de ella abandonada hace un lustro, se asomó a mí con nueva cara y de pronto algo nuevo apareció en el horizonte de mi comprensión.
Silvio hace su pregunta, y pide le comentemos acerca de que pensamos. Yo por muchos años, sin entender, sin ver, sin leer en sus letras, no tuve la menor idea que expresar de esta canción, salvo su festivo ritmo y su configuración como lugar común de muchas reuniones.
Mas al cabo de mucho tiempo, asomó mi primera opinión de esta canción. Si un hermano va mirando el piso, y no ve los problemas del frente cae; si otro va mirando el horizonte no ve el presente y cae, si se va mirando todo pronto llega el extravío e irremediablemente se cae... Era evidente, ¿no? ; luego, nunca hay solución para la premisa que motiva el camino: NUNCA EQUIVOCARSE O ERRAR.
Cuando “vi” realmente que la intención es no caer, y se cae; me quedó claro que el motivo de la ruta está equivocada, ya que no es posible no caer, no errar, no sufrir...
Si caminamos en pos de propósitos ilusorios, es seguro que el dolor extremo llenará nuestra ruta.
Hoy creo he entendido el mensaje de Silvio allá por el año 1979, muy relacionado al amor al camino, mas que el amor a las metas. Entiendo que de una u otra forma, su mensaje se parece al de Nietzche: prefiero querer lo que hago a hacer lo que quiero...
Y de esta magia de entender, que se da como conjunción de muchas historias, procesos, vivencias e intenciones, más se me aclaro como el aprender no necesariamente está relacionado con enseñar. Yo me he tardado 18 años en aprender la lección que Rodríguez intentó enseñarme, en 1988.